viernes, enero 27, 2006

Sobre el ABUSO DEL PODER, en la sociedad

El texto abajo, sobre el Abuso del Poder, fue seleccionado como el destaque de lo recibido en el mes de Enero de 2006. Lectura recomendada.

"Somos una cultura de abuso de poder"
Abraham Genis Viernes, 20 de enero de 2006
"El poder corrompe y el poder absolutocorrompe absolutamenteLord Acton
Si se buscara una fórmula para interpretar el factor humano de Venezuela, que sin duda es el más importante y significativo de todos los que identifican a nuestro país, se podría proponer una frase concisa y precisa: "somos una cultura de abuso de poder." Y de ésta frase trascendental podemos deducir los rasgos dominantes de nuestra personalidad nacional.
Pero no se trata exclusivamente de Venezuela. En todos los países que formaron parte del Imperio Español, desde el Descubrimiento hasta prácticamente el día de hoy, la relación que ha regido entre los seres humanos ha sido la de poder.
Desde la Conquista, en Venezuela a partir de 1498, hasta la Independencia, en la segunda década del siglo XIX, el poder era absoluto y perfectamente establecido en la ideología de la época.
El poder provenía de Dios, que lo delegaba al Rey de España, como a todos los reinos cristianos de la época. Este lo concedió a Cristóbal Colón, cuyo descubrimiento le brindaría el título de Almirante de la Mar Océano y recibiría un porcentaje significativo de las ganancias obtenidas por la expedición.
Este poder estaba sustentado en lo militar, primero por los Conquistadores que se hacían dueños de los territorios, y después por los delegados políticos, designados por el rey de España. Colaboraba con ellos la Iglesia, portadora del poder religioso, que era algo más que espiritual.
La espada, símbolo del poder político y militar y la Cruz, símbolo del poder religioso, se unían en la persona de los Conquistadores, los militares y los clérigos.
El país que representaba toda esta secuencia de poderes era España. También era una cultura de poder. Este país venía de una lucha militar y política que duró 8 siglos y culminó el 2 de enero de 1492 con la conquista de Granada, a través de la cual se unificó el país, armando un rompecabezas de estados que aún hoy, más de quinientos años después, no se han integrado por completo. Cada región quiere conservar su fracción de poder.
Cierto escritor definió a España como "un conjunto de naciones, comprimidas por una geografía común, ninguna de los cuales quiere ser española." A partir de la caída de Granada, se constituyó un estado monárquico absolutista, que iba a transformarse en la "madre patria" de la futura América Española.
La Iglesia, que participó y apoyó la Conquista con el objetivo de "evangelizar" a los indígenas, tenía, en ese preciso momento, una estructura no menos autoritaria que la estructura española. Su poder provenía directamente de Dios y su sumo vicario en la tierra era el papa, en ese momento Alejandro VI, descendiente de los Borgia españoles, quien tenía una amante que le dió tres hijos: Juan Borgia, asesinado por su hermano César, y este mismo, cruel guerrero y dominador en cuyo honor Nicolás Maquiavelo escribió la Biblia del poder, titulada "El príncipe" y Lucrecia Borgia, hija y con toda probabilidad amante de Alejandro, que cobró fama histórica por envenenar a sus maridos.
Esos son los orígenes ideológicos religiosos y políticos de la Conquista de las América.
Quien acuñó la expresión "el encuentro de dos culturas, la europea y la americana" creó una frase cínica, de las muchas que hay en la historia. En realidad fue una aniquilación de indígenas primitivos invadidos por una cultura de poder multifacético, militar, político, religioso y que aspiraba a ser económico Apareció en los años '90 en Venezuela un libro cuyo título es: "¿Cuando se jodió Venezuela? " y bajo esta pregunta se integran las respuestas al tema de diferentes autores.
La nuestra, que no nos fue solicitada es una respuesta extrema. Eso, el "se jodió" le sucedió a Venezuela cuando aún no existía como entidad política o territorial. Históricamente ocurrió desde el preciso momento en que el primero de los conquistadores españoles, puso la bota de su pie en la playa que hoy se denomina Macuro.
Y esa personaje, anónimo para la historia, seguramente joven, aventurero, cristiano viejo o nuevo, quizá un delincuente extraído de las cárceles españolas, según la autorización que tenía Colon para enrolar su tripulación, preferentemente andaluz, con una probable carga genética, psicológica o psiquiátrica patológica, traía en su morral un equipaje ideológico. Soñaba con el oro y con los cuerpos de las Indias, y estaba animado por una extrema ambición de poder.
Llega el momento de proponer algunas proposiciones lingüísticas.
Se denomina poder la capacidad de un ente - en este caso el ser humano - de ejercer influencia sobre otro ente - en este caso otro ser humano.
El poder es la integración de dos entidades; una dominante y otra dominada.
En el lenguaje de la Asertividad se define al poder como "una relación agresión - sumisión o establecida y aceptada". Se puede sustituir por otros pares de sinónimos por ejemplo, autoridad - obediencia, causa - efecto y fuerza - debilidad.
En la vida práctica pueden dividirse los poderes en dos clases: uno de ellos operativo, o útil, el que figura en los organigramas de las empresas honestamente constituidas, y el otro el abuso de poder.
El primero es el que tienen los padres sobre sus hijos, o, dentro del organigrama empresarial, los supervisores sobre sus supervisados, o los profesionales en el campo técnico, sobre sus pacientes o clientes.
El abuso de poder que es el más frecuente, doloroso y dañino, se da cuando una autoridad oficialmente establecida sobrepasa sus propios límites.
Volvamos a nuestros recién desembarcados conquistadores.
A poco de establecerse en los territorios conquistados, y no sin ciertas luchas, a menudo cruentas (la destrucción de la Isabela) los españoles, gracias a la tecnología de su civilización y la ingenuidad de los aborígenes, establecieron rápidamente una estructura de poder calcado de la española. Así nacieron los mestizos de españoles e indias, la muerte de los varones indios rebeldes, y las encomiendas de los blancos sobre los indios, que no era más que una forma de esclavitud.
Esa relación de poder duró trescientos años, durante los cuales, a medida que se enriquecían las estructuras, aparecieron nuevas divisiones. Los conquistadores se dividieron en españoles peninsulares, españoles americanos y finalmente españoles de orilla. Y de las indias abusadas nacieron los mestizos, y luego, con los aportes genéticos de los negros y los blancos de orilla, y la amplia gama de los pardos y zambos.
Trescientos años después de la Conquista tienen lugar las luchas por la Independencia y cambian los protagonistas del sistema, que sin embargo sigue igual en su esencia. Una relación de poder entre dominantes y dominados.
En la Independencia se expulsa del poder a los españoles peninsulares. Asumen su lugar por un breve período los españoles americanos. Toman el mando los prohombres de la Independencia. Mandan sobre los blancos de orilla, los esclavos y los pardos.
A mediados de siglo, la guerra federal aparentemente homogeniza la población. Pero esto no sucede en la realidad. Aparecen los caudillos, los generales y los doctores. Mandan sobre los que ahora se denominan peones, conuqueros, y las llamadas multitudes promiscuas.
Todo este período, hasta el año 2.001 adopta las formas externas de la democracia, nombre inspirado en la Revolución Francesa. Aparecen las elecciones, y las constituciones establecen que "todos los ciudadanos son iguales ante la ley". El presidente Monagas decreta la liberación de los esclavos.
Uslar Pietri, nunca bastante recordado, se opone al uso del término democracia. Afirma que "no vivimos en una democracia, sino en un régimen de libertades públicas." Un historiador venezolano declaró que "cada cinco años Venezuela elige su dictador de turno".
Seguimos siendo una cultura de poder. "Hay que cambiar para que todo siga como está". Declara Lampedusa en El Gatopardo.
Reiteramos, una vez más, que el espíritu de la historia de la política venezolana es, según nuestro concepto nuestra frase emblemática; "somos una cultura de poder." De vez en cuando, por un breve período, se establecen luminarias de democracia. Prácticamente no la hubo durante el siglo XIX, quizá con la excepción del Dr. Vargas. La transición comenzó con López Contreras. Sin duda, la instituyó Medina Angarita. Después, las estructuras de poder, hasta hoy permanentes de la historia venezolana, se restablecen en todo su vigor. Los salvadores se desenmascaran rápidamente. Algunas dictaduras del siglo XX son férreas, desembozadas, como las de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Otras, sin dejar de serlo, se racionalizan con su eficiencia operativa, como la de Pérez Jiménez. Después de su caída, comienza a florecer el contubernio político entre adecos y copeyanos. En la última década del siglo XX cae CAP II y sube al poder en medio de un gran clamor popular Hugo Chávez Frías. Proclama democracia y revolución. Pero sigue la ley de la historia. Mediante el recurso de forma democrática de numerosas - casi excesivas -elecciones, asume un extraordinario acumuló de poder. Respeta ladinamente la libertad de prensa. Se le acusa de ineficiencia operativa. Su personalidad y su estilo polemizante, combativo, ataca todas las instituciones establecidas, en un hambre insaciable de poder.
"Plus ça change, plus c´est la meme chose" reza el adagio francés.
Las clases venezolanas que piensan viven en una expectativa cautelosa, frecuentemente temerosa.
El pueblo humilde, que vive de sus emociones y de las magras dádivas que suele recibir sigue esperanzado.
Al comienzo del siglo XXl, y desde mucho tiempo atrás, pueblo venezolano se divide en tres clases sociales alta, media y baja.
La primera comprende un porcentaje de población de un dígito. Vive entre Caracas, Miami y el primer mundo. Siempre encuentra manera de arrimarse al sol que más calienta, según el dicho de los climas templados y fríos. Es la clase poderosa que se nutre de antiguas fortunas y políticos fraudulentamente enriquecidos.
La segunda, profesionales, comerciantes, universitarios, comprende dos dígitos de bajo valor. En ella reina la incertidumbre. Es la clase media.
La tercera, que comprende un porcentaje de dos dígitos muy altos, vive entre la ignorancia, la promiscuidad y la miseria. Se denomina la clase marginal, o, como prefiere llamarla eufemísticamente el P. Alejandro Moreno Olmedo, las clases populares.
Y ahora se enfocará un nuevo tema. El de la violencia en la marginalidad venezolana.
Hablando esquemáticamente, las leyes de la biología se dividen en Venezuela y a nivel de toda la especie humana en dos grupos: las leyes del amor y las leyes del poder.
Las leyes del amor están centradas sobre todo en el sexo femenino y, más precisamente aún, en la relación de la madre con sus hijos.
En cambio, los hombres se consagran en especial a la lucha por el poder. Y dentro de este ámbito, se dividen a su vez en dos grupos. Los que lo ejercen (políticos, los demasiado ricos, los violadores de la ley) y los que lo padecen (obreros, trabajadores, marginales, y pobres en general).
En estos últimos tiempos, debido al auge universal del tema de los derechos humanos, ha cobrado actualidad el problema de la violencia en Venezuela, con un promedio de un venezolano muerto cada hora, más que en cualquiera de las guerras contemporáneas. La gran mayoría de esos muertos y sus victimarios pertenecen a las clases marginales. Y los victimarios son a veces policías, que son sus hermanos de clase.
¿Cómo se entiende eso? ¿Por qué un policía, que casi siempre es de origen marginal, y vive en las orillas de las ciudades, se transforma en victimario de sus iguales de clase, aunque pueda vivir en otro barrio? La explicación está en la frase, que ya hemos repetido varias veces y que seguiremos repitiendo para que quede grabada en el pensamiento del lector: "somos una cultura de poder". El varón pobre, inevitablemente sumiso a causa de su origen social, guarda en su interior, en su pre-consciente, una agresividad latente. Porque él también quiere ser poderoso. Y si es policía la manera que tiene de expresarlo es utilizando su arma de reglamento para ultimar a su hermano. En cierto sentido repite la historia bíblica de Caín y Abel.
Quizá la mejor manera de caracterizar una estructura de exceso de poder sea señalar las enormes diferencias sociales que existen entre los venezolanos, uno de los índices utilizados por sociólogos para evaluar el nivel democrático de un país.
La diferencia entre los venezolanos es inmensa. En el extremo superior se sitúa el millonario en dólares, que reside en Venezuela o el primer mundo, pertenece al jet set internacional y en el otro extremo el residente en las áreas marginales que no tiene que lo que comer y casi inevitablemente tiene que dedicarse a la delincuencia.
Y para el aspecto más desgraciado de esta división, la diferencia cuantitativa es monstruosa. El grupo primero comprende menos de un cinco por ciento de la población. El segundo se estima en el ochenta por ciento.
La relación de poder entre dos individuos o grupos se identifica con toda facilidad. Uno de ellos tiene poder y toma decisiones. El otro carece de él y tiene que someterse a las decisiones del otro. Uno es el que supervisa y el otro es el supervisado.
Un dicho conocido establece que en el mundo hay dos clases de personas: los que hacen las leyes y los que se someten a ellas.
Entre ambos, entre el poderoso y el sometido existe una gran brecha, que se da en todos los campos de la convivencia.
La más característica de las relaciones de poder es en el campo del Estado. En una entidad nacional, el Estado es la más poderosa de las instituciones, porque regula todas las instancias de la vida pública. Tanto que los grandes abusos de poder provienen del Estado, en cualquiera de sus funciones.
Le corresponden al Estado, para poner los tres ejemplos más notables en los últimos tiempos, la Seguridad, la Educación y la Salud.
Cuando el exceso de poder lo afecta, en estos tres campos existen graves trastornos.
La seguridad está en manos del Ejército en la defensa del territorio y de las fronteras. Y en el ámbito interior del país, en manos de la policía. En los casos de estructuras de abuso de poder, es a partir de los ejércitos donde se originan la mayoría de las dictaduras y en las policías donde se originan las violaciones a los derechos humanos.
Pero ¿como se podrá manejar la Seguridad interior cuando no hay ninguna clase de distancia, psicológica, cultural, habitacional, entre los que infringen la ley y los que están destinados a resguardarla, cuando son vecinos, amigos, frecuentemente parientes? La existencia de los mismos mecanismos psíquicos en el seno de una clase social impiden la diferencia de funciones.
En lo que se refiere a la salud sólo existen en Venezuela, dos grandes formas de dispensarla. Los ricos pagan su servicio privado, sea directamente a los médicos y clínicas o a través de costosos seguros. Los más ricos suelen cuidar de su salud en el extranjero.
Los más pobres tienen, según la constitución, derecho a asistencia médica a través de los hospitales y policlínicas públicos. Pero estos en el momento actual se encuentran totalmente desquiciados. Entonces los pobres se mueren.
En el mundo entero hay diferentes formas de resolver el # problema de la Salud Pública. Veamos algunos casos.
En un país escandinavo todo ciudadano paga, de sus ingresos, el 43% para cubrir todos los servicios sociales. Estos son la vejez, el desempleo y la salud. Se trata de un país próspero y ordenado.
En el fenecido mundo comunista, toda la salud pública corría a cargo del Estado. Hoy desapareció salvo en dos o tres puntos del planeta. Los sueldos son miserables, pero la salud está atendida. Cuba ha transformado su servicio de salud en un recurso publicitario.
Conocemos detalladamente el régimen de salud de la República Oriental del Uruguay donde existen tres maneras de asistencia médica. El privado, que naturalmente funciona bien a expensas de grandes cantidades de dinero, el servicio público para los pobres, a cargo de los hospitales, que son bastante satisfactoriamente atendidos, y el sistema mutual. Este comenzó hace más de un siglo a partir de sociedades dependientes de las comunidades extranjeras. Después se comercializó y grupos económicos empresariales tomaban médicos a su servicio para prestar asistencia médica con fines de lucro Pero el más importante de todos se realizó bajo los auspicios del Sindicato Médico del Uruguay, institución equivalente a la Federación Médica Venezolana, que tomó a su cargo la prestación de servicios médicos de libre afiliación para la totalidad de la población.
Esta institución es la que más población uruguaya cubre. Se caracteriza por un elevado nivel de honestidad y eficiencia. Los controles de los profesionales son rigurosos.
Con estos tres recursos la salud del Uruguay es de las mejores del continente.
En lo que a la enseñanza concierne existen en Venezuela, como en probablemente todas las sociedades libres del mundo, tres regímenes. La enseñanza pública, la religiosa y la enseñanza privada. La primera tiene un muy bajo nivel de eficiencia. La última depende de la capacidad de los docentes, supervisados por el Estado. La religiosa es altamente eficiente y dentro de sus posibilidades económicas cumple con los principios morales del cristianismo.
Desgraciadamente estadísticas internacionales han demostrado que nuestro nivel de eficiencia es bajísimo. Y hoy, el factor principal de igualdad entre los seres humanos, depende de su educación y de su salud.
Podría decirse que una verdadera democracia consta de un aspecto político, un aspecto económico e igualdad en las en los servicios de salud, seguridad y educación.
Un voto cada varios años, en medio de un carnaval político no es de ninguna manera demostración de democracia. Un país con desigualdad en la salud, seguridad y educación es, sin duda, una cultura de poder.
Venezuela está cambiando su lenguaje. Del político y académico de algunos de nuestros presidentes, está pasando al populista, a veces grosero Pasamos de la Venezuela Federal a la República de Venezuela y últimamente a la República Bolivariana de Venezuela.
En algunos países en los emblemas nacionales, las banderas, los escudos, figura un lema. Recordemos el "Ordem e Progreso" brasilero y el "Libertad o Muerte" de los 33 Orientales del Uruguay.
Hubo quien pensó, a veces por ironía y otras por pasión política, que nuestro escudo tendría que portar un lema que podría ser el inolvidable "Por ahora".
Se piensa que para introducir como una aguja punzante pero estimulante y fecunda, en la mentalidad de los venezolanos, una buena frase, de significado psicológico e histórico, el lema didáctico podría ser el título de este artículo, que conllevaría un diagnóstico y un recurso terapéutico. El nuestro se inspira en el eterno socrático: Conócete a ti mismo.
Terminaremos con el texto con que comienza este ensayo, que para Venezuela sería:SOMOS UNA CULTURA DE PODER".